viernes, 25 de mayo de 2018

Carta No. 3

Acabo de terminar de leer un libro, uno de esos de los que cuesta trabajo despedirse.
En el fondo soy cursi y masoquista. 
Usted me conoce. Ya sabe, es como las canciones que ponía a veces y que también a usted le gustaban. Esas que provocan eso que yo llamo melancolía bonita.
Usted se ha convertido en algo así, como esas canciones o esos libros de los que duele despedirse, pero que siempre que se regresa a ellos, aun cuando solo sea con el pensamiento, remueven sentimientos profundos, sacuden fibras internas que parecían dormidas o extintas y dejan con una sensación de añoranza, unas cuantas punzadas en el corazón y un montón de lágrimas... por que no vuelven, por que ya no están... por que se terminaron.... pero al mismo tiempo provocan un sentimiento de satisfacción y la sensación de ser afortunada, por que estuvieron y significaron tanto...

Le leo un pedacito?
Bueno, mas bien le escribo un pedacito.
Algo que me recordó a usted: mi tejedora de historias favorita... y también a mi, su escucha mas ferviente.


“Una historia no tiene principio ni fin, tan solo puertas de entrada.
Una historia es un laberinto infinito de palabras, imágenes y espíritus conjurados para desvelarnos la verdad invisible sobre nosotros mismos. Una historia es, en definitiva, una conversación entre quien la narra y quien la escucha, y un narrador solo puede contar hasta donde le llega el oficio y un lector solo puede leer hasta donde lleva escrito en el alma.
Esa es la regla maestra que sostiene todo artificio de papel y tinta, porque cuando se apagan las luces, se silencia la música y se vacía el patio de butacas, lo único que importa es el espejismo que ha quedado grabado en el teatro de la imaginación que alberga todo lector en su mente. Eso y la esperanza que todo hacedor de cuentos lleva dentro: que el lector haya abierto su corazón a alguna de sus criaturas de papel y le haya entregado algo de sí mismo para hacerla inmortal, aunque solo sea por unos minutos.”


Aunque esto se refiere a la relación escritor-lector, con usted era mas o menos lo mismo, pero mas bonito, por que las historias eran de viva voz, aderezadas con gestos agradables y su mirada luminosa.
Así pasó con usted y sus historias bolita. Al menos en mi revuelta mente si se quedaron grabadas.
Si cierro los ojos y empiezo a hurgar en los recuerdos, puedo verla de nuevo, como solía imaginarla, muy joven, casi adolescente, con su vestido de campana de las canastitas de flores amarillas... emocionada y lista para darle la cara al mundo.
Casi puedo sentir el frío y el pánico de esa noche de pesadilla en la sierra.
Casi puedo ver a aquella niña jugando ajena al mundo en su casa de muñecas o enterrando "tesoros" en el patio trasero.
Puedo ver a su abuelo contando su historia del pueblo fantasma alrededor de aquella fogata.....
Puedo verla y sentirla a través de todo lo que nos regalo en forma de palabras. Usted nos mostró la belleza que llevaba en su interior usando como ventana todas esas historias que la definían con precisión.

De verdad mi bonita, fue un placer conocerle.
Es un privilegio llevar su sangre y haber compartido tanto con usted.


Se acuerda de la película pastelona que solíamos ver?
La escena en la que el ángel le pregunta a la niña que fue lo que más le gusto de la vida?
Si a mi me preguntaran, yo respondería que usted... usted y mis hijos... y el olor de mi monito... 


Cuídese mi bonita y si se puede, no me olvide, que yo no la olvido....

La quiero!

No hay comentarios:

Publicar un comentario