sábado, 5 de mayo de 2018

Carta No. 2

Lo sé.
Usted ya no formaba parte de mi rutina.
Lo sé y no se trata de eso.
No es que la extrañe a la hora del desayuno o que me haga falta su abrazo antes de ir a dormir.
No son las conversaciones de sobremesa ni su pan con mermelada de higo y el café en leche en las mañanas frías.
Ya no...
Aunque a decir verdad sus historias bolita, esas si las extraño mucho, su conversación y el brillo de sus ojos... Esas palabras sazonadas que solo usted era capaz de pronunciar, esas que ya tenia buen rato extrañando y que me encogen el corazón al saber que ya no vuelven, que se han perdido en el punto sin retorno donde su voz se quedo muda y el testimonio de sus andanzas se volvió vapor...

Pero lo que mas extraño es su amor infinito hacia este amasijo de huesos, carne, cartílago y greñas alborotadas al que usted veía como la criatura mas perfecta sobre la faz de la tierra, a pesar de conocer de cabo a rabo (como diría usted) cada una de mis imperfecciones.

Y es que esto de que ya no este, para mi se ha vuelto una cuestión de luz y sombra, de frío y calor, de habitable e inhabitable...
Por que si, así es, exactamente así es, al menos desde mi subjetivo y fatalista lente.
Por que hay personas luz, y usted, no lo dude ni un segundo, usted era de ese clan. Personas que reconfortan, que con su presencia en este mundo dan esperanza, que lo vuelven un sitio mas habitable, mas amigable, menos gris. Personas que cuando se van, dejan un hueco grande, una ausencia de energía limpia y positiva que de una u otra forma es una pequeña victoria para todo el vacío, soledad, sombra y tristeza que predominan en estos rumbos del universo.
Por eso para mi su perdida vuelve mi camino mas hostil, mas frío, mas oscuro, mas difícil de transitar.

Sigo en deuda con mis ganas de llorarle.
Sigo pensando mucho en usted.
Espero que este feliz, donde quiera que se encuentre.

La quiero bolita!
(Así, en tiempo presente.)

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