Yo comencé a despedirme de usted la noche en que mis manos olían a arroz con leche.
No se por qué... Pero olían a arroz con leche.
A su arroz con leche. Con ralladura de naranja y dosis generosas de amor.
Y entonces sentí una melancolía profunda, casi dolorosa.
Y pensé. Pensé mucho. Pensé en usted.
Y recordé. Recordé muchas cosas.
Y sí. Lloré. Lloré mucho. Lloré hasta sabrá Dios que horas.
Ilusamente pensé que era el inicio de un proceso de preparación para decir adiós...
Ilusamente pensé que esto se podría entender y por lo tanto procesar de forma menos dolorosa...
Mentira por supuesto!!
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